martes, 29 de marzo de 2011

Una nota sobre el cambio en las iglesias evangélicas

En la década de los 80, el siglo pasado, los evangélicos éramos aproximadamente entre el 5 al 7% de la población nacional. Al inicio de la década los evangélicos aparecíamos como grupos sectarios, ensimismados, y en confrontación con el "sistema del mundo". Era común los discursos y prácticas que marcaban las líneas de separación entre la iglesia y el mundo.

Era común las advertencias sobre los riesgos y peligros a los que los creyentes se exponían al acercarse al mundo. Era una cruzada moral la que llevaban adelante los guardianes de la verdad y la santidad del evangelio para que la iglesia - y los creyentes - se mantuvieran alejados y protegidos de la cultura mundana, la política, y todo aquello que parecía lejano a la práctica de la predicación, la evangelización. ¡Hasta, las acciones de servicio y acción social!. Es posible, que esto parezca más una caricatura, un reduccionismo. Sin embargo, mucho o algo de ésto es lo que caracterizaba a la iglesia, como yo lo percibía - y cómo lo vivía, en mi propio contexto y la convivencia con comunidades de fe, pastores y líderes evangélicos. Algunos de base, otros, encumbrados en las dirigencias institucionales.

Esto parecía una situación dificil de cambiar. De alguna manera, parecía que los evangélicos eran así, y seguirían así. Era la opinión de algunos observadores externos; y no quepa duda, era el deseo de algunos peregrinos en el mundo, la iglesia santa, que fiel al evangelio, y a la vocación a la que habían sido llamados, deberían guardarse "sin mancha" en el mundo, aguardando el día de la manifestación del Señor. Pero, para sorpresa de todos y todas, las cosas han cambiado.

La década de los 80, debemos tenerla en nuestro calendario histórico como la década del cambio. Para algunos, seguramente, la década del inicio del cambio, pero, en definitiva e inevitablemente del cambio. Han cambiado, en la misma iglesia, dentro de la iglesia, las auto-percepciones que dominaron y regularon su conciencia y actitud social, ética. Ha cambiado, fuera de la iglesia, la percepción que observadores, lejanos y cercanos; analistas y gente de a pie, tenían de las iglesias evangélicas. Y, el cambio no se ha detenido. Veremos, como ha sucedido, y que características del cambio sobresalen ahora, para ser significativos.