El 5 de diciembre del 2013, a los 95 años de edad, falleció Nelson Mandela. Cuando el mundo recibió la noticia a través de los medios de comunicación, y especialmente por las redes sociales, su nombre, su vida, su lucha, adquirieron una dimensión mundial. Mandela pasó a formar parte del parnaso de los héroes, y se integró a la eternidad con los grandes hombres, los pocos grandes hombres que han sido capaces de vivir y dejar su rastro histórico en su país, extendiéndolo al mundo.
Como sucedió con el Mahatma Ghandi, de la India, o Martín Luther King Jr., de los EE.UU., para referirnos sólo a ellos, con su muerte Nelson R. Mandela (Madiba, como se le llamaba familiarmente), dejó de ser sudafricano para pasar a ser un ciudadano y revolucionario del mundo. Murió para vivir para siempre, en la memoria y en los ideales de hombres y mujeres que lo adoptaron como su mentor, un líder, en la defensa de la vida y la dignidad humanas, la libertad y los derechos humanos.
Por su lucha contra el apartheid, incomprendida por muchos, en su tiempo, sus radicalismos y sus prisiones, vino a ser para blancos y negros, cristianos y musulmanes, un adalid de la igualdad y de la democracia. Este abogado, activista y político sudafricano, hombre “del Siglo XX y del Siglo XXI”, como han escrito algunos, estuvo o está todavía a punto de ser elevado a la categoría del leyenda.
En los pocos días que duraron la ceremonia de sus exequias que dieron lugar al encuentro de hombres y mujeres del pueblo con personalidades y dignatarios del mundo, se ha dicho y escrito mucho de su vida, compromiso, influencia, y de su grandeza. Hasta de su fe, sus creencias y sus orientaciones religiosas.
Mandela, el militante y el creyente
Mandela, que recibió el Premio Nobel de la Paz, por su vasta trayectoria como militante de la justicia, la reconciliación y la libertad, contra la discriminación y el apartheid, ha sido conocido por su participación activa y liderazgo del Congreso Nacional Africano (ANC), movimiento organizado para luchar contra la opresión de los negros sudafricanos. Con este movimiento, Mandela llegó a ser presidente de su país después de 27 años de prisión, militando con la ideología del socialismo africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista. Con esta misma militancia se erigió como el gran defensor y promotor de la reconciliación racial.
Pocos, sin embargo, se han referido a una dimensión de la vida y la persona del Mandela, que comenzó a salir a luz, a partir de su deceso: sus raíces y militancia cristiana, y en particular metodista. La dimensión que, con mucha probabilidad, influyó en su carácter y las convicciones que el líder ha sostenido durante su vida y en su acción política y ética. Ha sido conocido que el señor Mandela no ha tenido mucho interés por hacer notoria y notable esa influencia y la historia de su fe religiosa. Pero, se ha podido apreciar que cuando ha habido oportunidad para hacerlo, Mandela se ha referido a esa relación arraigada en él, y la ha confesado públicamente.
En este sentido, es notable el discurso que Nelson Mandela dirigió a dignatarios y líderes de la Iglesia Metodista en 1994, en la Conferencia Anual de la iglesia, siendo Presidente de Sudáfrica. En esa ocasión, el presidente Mandela hizo pública una declaración de fe, señalando:
“…Mi alegría por estar en esta conferencia se multiplica por el hecho de que esto es para mí también un regreso a casa, tanto en el sentido físico como espiritual. Los alrededores de Umtata no son sólo mis humildes orígenes. Es aquí donde mi asociación espiritual con esta gran Iglesia comenzó. Y no puedo dejar de enfatizar el papel que la Iglesia Metodista ha jugado en mi propia vida…”
“Su Iglesia tiene una orgullosa historia de compromiso con el desarrollo de los hijos e hijas de África en más de un área. Las grandes instituciones de enseñanza que se extienden desde la “Cadena de estaciones misioneras” del Reverendo William Shaw en esta región, formaron las mentes y el carácter de generaciones de nuestro pueblo, así como de muchos de nuestros líderes actuales…”
“Aunque la noche oscura del apartheid intentó destruir muchas de estas instituciones, el impacto de sus enseñanzas académicas y morales no podía ser pisoteado. Quienes pasamos por ellas no vamos a olvidar los excelentes estándares de enseñanza y los valores espirituales que nos fueron impartidos…”
“Todos estos y otros esfuerzos claramente demuestran el hecho de que la comunidad religiosa en nuestro país no es sólo una fuerza espiritual y moral. Es también una institución social importante, contribuyendo al desarrollo y bienestar de la población en su conjunto…”
Mandela, no ha sido un santo o un hombre perfecto. Con sus debilidades y errores, ha sido un gran hombre. Influenciado por la Gracia del Evangelio para trascender a su tiempo y a su nación, para ser un ciudadano del mundo, y mostrar que la Gracia del evangelio, es Gracia para transformar a las personas y las sociedades.
Rafael GOTO SILVA
Pastor y periodista
Iglesia Evangélica de Los Peregrinos del Perú.
(Publicado en LA PALABRA, Nº 1, Enero 2014 - Lima, Perú)

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